La comunicación pública de la ciencia y de la tecnología
constituye un área de vital importancia para el desarrollo social. La
divulgación científica es fundamental para una educación social en ciencias que
contribuya a que las personas tomen decisiones y juzguen del modo más objetivo
e informado posible (Calvo, 1992). Durante décadas, los científicos, los
políticos, los periodistas, conservadores de museos y otras personas a nivel
comunitario interesadas en la comunicación pública de la ciencia y la tecnología
han trabajado para mejorar su comprensión (Lewenstein, 2003). Nuestra región no
está ajena a diversos problemas sociales; algunas áreas principales de
conflicto son la salud, el medioambiente y el atraso hacia el desarrollo
sustentable. La comunicación del conocimiento científico sería una forma de
contribuir a superarlos (Kreimer & Zabala, 2006), considerando también la
importancia de que las personas accedan a la información científica, la
comprendan y le den un uso adecuado. No obstante, en América Latina el acceso a
la comunicación científica está segregado y, por lo tanto, los grupos sociales
mejor posicionados tendrían mayor posibilidad de apropiarse de la cultura
científica (Polino, 2019).
En Chile, por
ejemplo, un 48,37% de las personas se sentiría poco informada sobre ciencia y
41,51%, poco informada sobre tecnología (Centro de Microdatos Universidad de
Chile, 2019). Desde marzo de 2020, la pandemia del coronavirus ha desencadenado
un desafío sanitario mundial que involucra a todos los sectores de la sociedad;
esta epidemia ha puesto a prueba el tratamiento de la información en los medios
de comunicación y en primer plano la relevancia de la comunicación pública de
la ciencia y la tecnología en su manejo y relación con la población, no solamente
en el ámbito iberoamericano, sino a nivel global.